Los logros y cambios de la Primera y Segunda Revolución Industrial  aún repercuten en la forma de vida de las personas hoy en día. La manera como viven, trabajan y se desarrollan en la sociedad; tiene sus orígenes en estas dos etapas. Pero en los últimos años los avances tecnológicos han crecido tanto que el planeta atraviesa una Tercera Revolución Industrial; un cambio  que se ha experimentado en todos los sentidos.

Tercera Revolución Industrial

En el año 2007, el concepto “Tercera Revolución Industrial” fue avalado por la Unión Europea. Su creador es el economista y sociólogo Jeremy Rifkin; quien acuña esta definición a un fenómeno que viene  ocurriendo desde mediados del siglo XX.

Los avances tecnológicos junto a las nuevas energías renovables han dominado al mundo. A partir de ellas la Tercera Revolución Industrial cobra fuerza y se extiende; prometiendo un mundo donde el trabajo tradicional podría llegar a su fin.

Con la tecnología como bandera, esta revolución se ha enfocado en la administración del conocimiento; en los avances centrados en la microelectrónica; las tecnologías de la información y en el crecimiento de las empresas de servicio, no de manufacturas.

Después de años, donde el mercado concentraba sus esfuerzos en la producción en masa; la tendencia actual es conseguir un equilibrio entre los grandes lotes de mercancía que puedan satisfacer las necesidades individuales. Es decir, se apunta a las fabricaciones más personalizadas. Con el tiempo ha adquirido mayor relevancia lo que quiere un consumidor en particular, y no lo que quiere el colectivo.

Dentro de los inventos más destacados de la Tercera Revolución Industrial se encuentran la creación de la fibra óptica; las innovaciones en nanotecnología y la fibra de vidrio. Gracias a estos materiales se han logrado importantes aparatos electrónicos, que forman parte del día a día de las personas.

Un mundo sin barreras

En la Tercera Revolución Industrial, la globalización juega un papel fundamental, las nuevas tecnologías han abierto el mercado para todos; creando una red que no conoce de limites geográficos. El Internet ha borrado las barreras, y los individuos saltan de una identidad regional, o local, hacia lo global o multicultural.

Gracias a la era digital se cumple con la promesa de nuevas fuentes de empleos, que había hecho eco años atrás; cuando muchos puestos de trabajo fueron eliminados por nuevas maquinarias y avances tecnológicos. La aparición de plataformas especializadas en contactar a trabajadores independientes, facilitan el desempeño laboral vía Internet.

Con dichas plataformas la mano de obra manufacturera corre el riesgo de desaparecer. Las empresas se interesan por automatizar los procesos productivos; mientras que el personal humano es designado en tareas más intelectuales. Así de cíclico funciona el mundo, que con estas acciones se corre el riesgo de eliminar ciertos trabajos; que seguro encontrarán remplazo en otras áreas.

Por otro lado, las criptomonedas han puesto sobre la mesa el planteamiento de un mundo descentralizado. Los Estados-Nación se encuentran en un momento crucial, en el que deben establecer cuál será su papel dentro de las sociedades, ya que estas se inclinan por nuevas formas de desarrollarse económica y socialmente.

Un camino de transición

Por primera vez el mundo se acerca a una sociedad global e interconectada, gracias a la Tercera Revolución Industrial. Sin embargo, como en todos los grandes cambios que ha atravesado la humanidad; existen numerosos problemas en la revolución de una sociedad de la información.

Los cambios que actúan sobre los pilares en lo que se basa la Tercera Revolución Industrial deben avanzar rápidamente. Si uno de ellos se atrasa, los demás se verán comprometidos. Uno de los problemas más resaltantes es la desaparición de variados puestos de trabajo; así como la manera en que las personas afrontan la crisis de desempleo. Pues será difícil para las sociedades hacer la transición de un modelo económico que ha liderado el mundo desde la Segunda Revolución Industrial.

Aún hay interrogantes por resolver con respecto a los cambios constantes que atraviesa el mundo. Los países deben organizarse para ir a la par de las nuevas tecnologías, y no quedarse atrás en el desarrollo. Muchas naciones aún están luchando con problemas que surgieron hace siglos; mientras que las más avanzadas llevan el trote que propone la Tercera Revolución Industrial. El problema es preocupante ya que esta situación podría acrecentar la desigualdad. El mundo debe estar atento para resolver los problemas que con seguridad llegarán.