Durante largo tiempo se han intentado introducir medidas coherentes al libre mercado, para lograr estabilizarlo de alguna manera. Las fluctuaciones en los tipos de cambio han generado movimientos especulativos fuertes que, muchas veces, ocasionan problemas económicos a los países. Por ello James Tobin propusó la Tasa Tobin.

En los años setenta James Tobin planteó la opción de implementar una comisión sobre transacciones especulativas de divisas, solo de divisas. Para la época el presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon tomó medidas que causaron la desaparición por completo de la convertibilidad del oro-dólar.

Ante el cambio tan radical en el sistema financiero, el economista ganador del Nobel, en 1981, planteó la posibilidad de cobrar 0,5% sobre las operaciones especulativas de las divisas. Buscaba disminuir la intención de muchas personas de obtener grandes beneficios gracias a las fluctuaciones de tipo cambiario.

Herramienta de ayuda en contra de la especulación

Las transacciones en los distintos mercados internacionales de divisas, han sido siempre un dolor de cabeza para las naciones. La libertad tan alabada del mercado ha causado pérdidas importantes para los países. En el 2006 se hizo un estimado de dichas pérdidas, las cuales representan billones de dólares.

La Tasa Tobin plateó la solución para un problema que se ha desarrollado a lo largo de los años, y que no parece acabar. Sin embargo, James Tobin se proclamaba como liberalista y dejó claro en muchas ocasiones que sus postulados no pretendían crear modelos de control sobre el mercado.

Hay posiciones a favor y posiciones en contra de la Tasa Tobin. Cada persona que hace vida empresarial vela por sus intereses, mientras que las organizaciones dedicadas a esparcir justicia por un mundo mejor; velan por los intereses de un colectivo. Estas últimas proclaman un impuesto mundial sobre operaciones de cambio de divisas.

Ayuda de forma módica

Una ventaja de la Tasa Tobin, alegan las instituciones de ayuda, es la obtención de recursos financieros que pueden destinarse a proyectos para el desarrollo de distintos países. Los ingresos obtenidos de este gravamen serían beneficiosos para gran cantidad de personas. James Tobin no niega la verdad de esta premisa, pero aclara que la ayuda a los más necesitados no era su objetivo principal.

Para que la Tasa Tobin funcione efectivamente, debe ser utilizada en todo el mundo. De lo contrario, los especuladores harán sus transacciones en países donde no se aplique tal gravamen. Es decir, buscarán cerrar sus tratos y acuerdos en paraísos fiscales, como ya ocurre en ciertos casos.

James Tobin quiso que su tasa fuera una simple herramienta de lucha contra lo volátil de los tipos de cambio. Su propuesta ha evolucionado y hoy en día adquirió un papel protagónico en los movimientos antiglobalización.

La tasa supondría una ayuda para los bancos al momento de reducir deudas de los países; pero siempre hay quien consigue la forma de evadir las reglas del juego. Es allí donde su uso causa dudas; pues hay operaciones que parecen no poder controlarse del todo. 

Tasa Tobin: libertad y control en busca de un equilibrio

La completa libertad en el mercado puede traer problemas importantes en la circulación de capitales; pero un control total puede generar negativas en el campo financiero de un país.

Es el caso de Venezuela, donde el presidente Hugo Chávez, apoyaba por completo el uso de la Tasa Tobin. El control cambiario se volvió más estricto con el tiempo, eliminando las divisas en el mercado oficial. El mercado negro proliferó y las especulaciones se hicieron la norma en el país.

Venezuela es un claro ejemplo de como una herramienta de módico control se puede convertir en un yugo para la economía de un país. Mal usada desmotiva la inversión hacia una nación. Se debe conseguir un equilibrio entre todos los colaboradores. Aunque la Tasa Tobin no ha calado del todo en los mercados mundiales; algunos países de Europa utilizan mecanismos parecidos, con moderación, y logran el mismo fin.