La reflación es la situación que crea el Estado para estimular artificialmente una subida de precios para superar una recesión; se entiende como parte de la inflación por esa medida económica que se toma. La inflación se realiza mediante estímulos fiscales y monetarios, algunos de estos puede ser a través del incremento de la base monetaria o la rebaja de los impuestos.

El objetivo del Estado al implementar estas medidas es elevar el consumo y la producción para no caer en deflación y acelerar el crecimiento del mercado. Sin embargo, esta medida dependerá de cómo reaccione el ciudadano pues si este no confía y consume, las proyecciones caerán. Para ello es necesario aumentar los puestos de trabajos e ir bajando la tasa de subsidios de paro.

Un factor influyente en la economía actual es el comportamiento del petróleo, pues tiene la capacidad de alterar el comportamiento de los activos financieros. Si el crudo aumenta repercutirá en los costes energéticos; lo que podría generar una expectativa inflacionaria que puede extenderse al sector industrial y financiero.

Un caso de reflación

En el 2008, Estados Unidos vivió una situación de reflación cuando el Producto Interno Bruto cayó al 0.3% mientras experimentaba una crisis financiera provocada por las hipotecas. Ante este panorama el Sistema de Reserva Federal planificó la adquisición de bonos del tesoro y títulos apoyados en créditos hipotecarios; esto con el fin de transferir liquidez al sistema financiero y reducir poco a poco los tipos de interés. Este plan se mantuvo  por aproximadamente 9 años que fue el tiempo en el que se percibió una mejora de los índices macroeconómicos.

Este tipo de inflación se utiliza para no caer en estado de deflación o como medida para salir de una recesión económica. No obstante, existe una variedad de procesos inflacionarios alternativos, algunos de ellos son:

Inflación subyacente

Esta inflación considera los precios marcados y los aumenta según un margen proporcional que depende de la materia prima. Más no toma en cuenta los precios de los servicios básicos, lo cual mantiene una variable medida según el consumo; esto con el fin de medir a inflación sin fluctuaciones.

Inflación estructural

Esta es la inflación que se suscita en un sector determinado; pero que tiene consecuencias en otro que utilice esa materia prima. Por ejemplo, si el azúcar aumenta es normal que ese coste se vea reflejado en los productos que lo utilicen, como el sector de los dulces. A esto se le conoce también como inflación escalonada.

Inflación galopante

Se le llama así al modelo que aumenta desproporcionalmente sus precios; corresponde a períodos de crisis económicas que pueden llegar a la hiperinflación si no son atendidas.

Inflación moderada

Los márgenes propuestos por los economistas son importantes en esta variación de la inflación; pues se computan según un margen numérico que, en general, se valora entre el 9 y 10 % anual. De allí que muchas industrias se quejen de estas medidas por no parecerle un valor real.

Desinflación

Se le llama así al período ideal de disminución de la inflación. Aunque los precios nunca dejarán de subir lo harán en menor proporción a lo que venían haciéndolo con anterioridad.