Uno de los gastos públicos son los bienes y servicios que compran las Administraciones. Estas compras del Estado comprenden conceptos como: equipo militar, autopistas y servicios que prestan los funcionarios. Por el contrario, no comprende las transferencias realizadas a individuos, como las pensiones y las prestaciones sociales; ya que las transferencias reasignan meramente la renta existente y no se realizan a cambio de bienes y servicios, no forman parte del PIB.

Las compras del Estado constituyen el tercer componente de la demanda de bienes y servicios. La Administración central compra cañones, misiles y los servicios de los funcionarios públicos. Por su parte, las administraciones locales compran libros para las bibliotecas, construyen escuelas y contratan maestros. Asimismo, las distintas administraciones públicas construyen carreteras y realizan otras obras públicas.

Todas estas transacciones constituyen las compras de bienes y servicios del Estado, por ejemplo, en Estados Unidos representan cerca de un 20 por ciento; algo menos en el conjunto del trabajo establecido por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos​ (OCDE). Cabe recordar, que esta entidad de cooperación internacional la integran 37 estados.

Estas compras no son más que un tipo de gasto público. Otra muestra de gasto público son las transferencias a los hogares, como la asistencia social destinada a los pobres y las pensiones destinadas a los jubilados. Estas, a diferencia de las compras del Estado, no utilizan directamente la producción de bienes y servicios de la economía, por lo que no se incluyen en la variable G.

Las transferencias y las compras del Estado

Las transferencias afectan a la demanda de bienes y servicios indirectamente; son lo contrario de los impuestos: elevan la renta disponible de los hogares, de la misma forma que los impuestos la reducen. Por tanto, un aumento de las transferencias financiadas subiendo los impuestos no altera la renta disponible. Ahora podemos revisar nuestra definición de T (transferencia) cuyo valor será igual a los impuestos menos las transferencias. La renta disponible, YT, comprende tanto el efecto negativo de los impuestos como el efecto positivo de las transferencias.

En caso de que las compras del Estado sean iguales a los impuestos menos las transferencias (G = T) el Estado tendrá un presupuesto equilibrado. Si G es superior a T, el Estado incurre en un déficit presupuestario; el cual se financia emitiendo deuda pública, es decir, pidiendo préstamos en los mercados financieros. Si G es menor que T, el Estado experimentará un superávit presupuestario, lo que podrá utilizarse para devolver parte de su deuda pendiente.

La intención de este artículo no busca explicar el proceso político que lleva a adoptar una determinada política fiscal. Es decir, no nos involucramos con el nivel de compras del Estado e impuestos; sino que consideramos las compras del Estado y los impuestos como variables exógenas.

Para indicar que estas variables se determinan fuera de nuestro modelo de la renta nacional, utilizamos la siguiente notación:

G

T.

Sin embargo, sí queremos examinar la influencia de la política fiscal en las variables  endógenas. De este modo, las políticas fiscales son determinadas dentro del modelo, es decir, en las variables endógenas. Entendiendo dentro de estas variables endógenas el consumo, la inversión y el tipo de interés. Para ver cómo las variables exógenas afectan a las endógenas debemos completar el modelo que establece el equilibrio entre la oferta y demanda de producción de la economía.