Gran parte del mundo como lo conocemos hoy en día es consecuencia directa de La Revolución Industrial. Este proceso que se dio a mediados del siglo XVIII, es el principio de varios modelos económicos que hasta el día de hoy se siguen en usando.

La Revolución Industrial fue el cambio político, económico y social más grande que ha experimentado el mundo entero. Antes de ella el progreso tecnológico era casi nulo y la civilización estaba estancada en su desarrollo. Esta revolución fue una transformación veloz y apresurada, que de alguna forma compensó el periodo de estancamiento previo.

Revolución Industrial, pequeños eslabones de una cadena de consecuencias

Este periodo tan importante de la historia inició en 1780 y, su primera fase, termina en 1840. Por esos años se dieron cambios importantes en las naciones más desarrolladas. Todo el proceso comenzó en Inglaterra.

Son muchos los factores que originaron dicha revolución. Algunas personas atribuyen su comienzo a la invención de la máquina de vapor. Sin embargo, el conjunto de cambios fue provocado por distintas situaciones: económicas, políticas y, claro, tecnológicas.

Sistemas desencadenantes

Para mediados del siglo XVIII se había establecido en Inglaterra un sistema parlamentario; que se caracterizaba por el liberalismo, la división de poderes, la economía de mercado y la capacidad de decisión individual. Un modelo que muchos países copiaron e implementan en la actualidad.

Todas las características del sistema parlamentario, propuesto por John Locke, pusieron sobre la mesa reglas que favorecían a los empresarios. Esto, sumado a un buen sistema bancario, y cierta estabilidad monetaria, ayudaron con la aparición de la Revolución Industrial por medio del capitalismo.

Previo a La Revolución Industrial

Antes de la revolución de las industrias, el ser humano ya tenía un estilo de vida donde habría ejercido como recolector, desarrolló la ganadería y aprendió sobre la agricultura; una vez asentado esto pasó a ubicarse en ciudades pequeñas. De modo que, la principal forma de vida era el sedentarismo y la recolección.

A todos estos procesos de la sociedad, se les considera parte de la fase de surgimiento y afirmación de las nuevas relaciones. Pueden destacarse tres aspectos de suma importancia dentro del surgimiento.

Una de ellas pertenece al orden político. Al originarse un cambio en la organización social y política surgen, en Europa occidental, los Estados Nacionales o naciones. Podemos definirlos como los espacios geográficos bien delimitados, con un gobierno y pobladores.

El segundo aspecto está vinculado al plano económico, desde donde se gestaban los modelos de producción dirigidos directamente al mercado; y otros menos aceptados como la exploración y el saqueo de territorios extra europeos, para buscar nuevas formas de riqueza.

Por último, en la fase de surgimiento, es importante destacar la compresión de la naturaleza por medio de las ciencias y el conocimiento económico. Lo que permitió el establecimiento de las bases para el desarrollo económico.

Todos los factores apuntaban a un cambio importante en los modelos sociales y económicos. Aunque la transformación tomó un tiempo en llegar; cuando lo hizo no se detuvo y avanzó de forma alarmante.

Cambios en la forma de producción

La Revolución Industrial significó un cambio en los modelos de producción. Hasta ese entonces los artesanos realizaban los trabajos de herrería en sus pequeños talleres. Las herramientas eran hechas a mano y en pocas cantidades.

Gracias al poder monetario que había en Inglaterra, muchas personas se veían favorecidas económicamente. Lo que significa que la región tenían el dinero necesario, y la disposición, para invertirlo. Así, encontraron el lugar ideal para el desarrollo de la ciencia.

Se hicieron grandes inversiones en la investigación tecnológica, que se implementaron en la creación de fábricas. Las primeras se originaron en Inglaterra, con maquinaria derivada del mecanismo a vapor perfeccionado por James Watt.

Con la creación de las fábricas, los talleres de los artesanos no eran necesarios, por lo tanto, sus trabajadores también perdieron importancia. Así, las personas se vieron obligadas a buscar empleo en las grandes y nuevas productoras.

La sociedad rural pasó a ser del tipo urbana. Si antes estaban dominados por la nobleza; ahora estaban bajo el dominio de los dueños de las empresas de producción. De este modo, nace una clase social: la burguesía, dueños de grandes riquezas y de los medios de producción.

El capitalismo surge, se asienta y crece

El capitalismo comenzó expresando su dinamismo en la búsqueda permanente de mercados para vender mercancía y asegurar la acumulación de riquezas. ¿Cómo? Por medio de las nuevas máquinas para sus fábricas, los burgueses consiguieron reducir costos de producción. Ya no se necesitaba la mano de obra especializada. La producción se hacía en grandes series, por el contrario, surgían más bienes, en menor tiempo y a un costo menor.

Muchos campesinos dejaron las tierras y se mudaron a la ciudad. La demanda de trabajo era alta y no había tantos puestos disponibles. Las empresas pagaban poco por muchas horas de trabajo, hasta los niños tenían empleos para ayudar a sus familia a subsistir.

Mientras los burgueses se enriquecían con la Revolución Industrial; nacía otra clase social, una menos favorecida: el proletariado o la clase obrera, a la que Karl Marx pasó la vida defendiendo. El capitalismo consiguió su opositor: el socialismo, corriente de pensamiento que intenta la igualdad y reivindicar a la clase trabajadora. A pesar de esta constante lucha de oposiciones, el sistema capitalista se sigue usando hoy en día.

Dos fases económicas de La Revolución Industrial

En el plano económico La Revolución Industrial puede dividirse en dos ciclos. El primero se conoce como capital-mercantil. Es un sistema que se concentra en extender las redes comerciales, con el fin de conseguir distintos territorios en los que se pueda vender y obtener materias primas que faciliten los procesos productivos. Para la época, la mercancía se convirtió en el eje central de las relaciones internacionales.

Este primer ciclo llegó a su fin en el momento en que otros países desarrollaron una producción industrial propia; que empezó a competir con la de Inglaterra. En ese sentido, la búsqueda de territorios para exportación y apropiación de materia prima termina.

En otras palabras, no hubo más colonización de regiones denominadas no-capitalistas. La mercancía empieza a circular de todas partes del mundo. Los productores individuales pasan a nuevas dimensiones; lo que causa el enfrentamiento entre potencias económicas por medio de sus Estados.

El segundo ciclo se caracteriza por ser el de capital-dinero. Este necesita de las estructuras internas de las compañías, para lograr el razonamiento de la producción y el consumo. En este punto aparecen los primeros monopolios; los cuales permiten tener un control aún mayor de los mercados. Además, proponen el uso racionalizado de los recursos materiales, humanos y financieros.

Gracias a la revolución de las industria se alcanzaron grandes avances económicos, pero también sociales. En este periodo de cambio surgieron movimientos, tecnologías, empleos, entre otros factores determinantes para el mundo actual. El rápido crecimiento de Inglaterra la convirtió en la primera nación industrializada del mundo. La máquina triunfó sobre la mano de obra. La ambición de los empresarios triunfó sobre el bienestar social.

La primera fase de La Revolución Industrial impactó a todo el mundo. La segunda fase llegó con aún más aceleración y se centró en el desarrollo de las tecnologías nacientes de la primera etapa. Los cambios se dieron sin descanso, y el mundo resintió sucesos que produjo el capitalismo desbordado.

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