Entre los diversos tipos de inflación que podemos encontrar en el mercado hay uno que no permite fijar precios por más de 24 horas. Se trata de la hiperinflación. Esta no es más que la inflación exacerbada, sin ningún tipo de control, donde la moneda local pierde valor y se reduce el patrimonio monetario. Por convención común entre los economistas se asume que la tasa de inflación debe superara el 50% mensual. Con esta cifra se calcula una tasa cercana al 13000% al año.

Los economistas suelen verlo como un ciclo desequilibrado que produce mucha más inflación con cada vuelta del ciclo. En general, se asocia como consecuencia de las guerras, depresiones económicas y trastornos sociales o políticos. Una de las causas de que este fenómeno ocurra es el aumento rápido y masivo de la cantidad de dinero que no está apoyado por bienes y servicios. Además se pueden presentar controles de precios para evitar la pérdida del valor de la moneda, sin embargo, esta última queda como un papel representativo que pierde su valor nominal. En casos de hiperinflación acelerada, la devaluación es más rápida que la velocidad con la que se imprime el dinero; también puede suceder que el valor de impresión resulte más costoso que el valor del billete.

Medidas comunes ante la hiperinflación

Ante este panorama, la población gasta la moneda local rápido por miedo a que pierda su valor, a esto se le llama velocidad de circulación; en un mercado normal esta velocidad se mantiene constante. Al cambiar los patrones de comportamiento económico la población intenta resguardar su patrimonio; una de estas medidas es cambiar la moneda local por moneda extranjera,  también es posible que surja un comercio en moneda extranjera. Otra medida suele ser la compra de bienes de consumo duradero, como  electrodomésticos; incluso, en algunos casos solo para mantenerlo como patrimonio. Asimismo, el crédito se perfila como un paliativo ante la pérdida anticipada del poder adquisitivo. El trueque se revitaliza como opción para el intercambio comercial.

Los economistas plantean dos modelos hiperinflacionarios: uno de crisis de confianza; y otro modelo monetario. El primer caso ocurre ante un evento social o militar que elimina la confianza en las autoridades emisoras de dinero. La gente preferirá gastar su dinero que conservarlo; situación que aprovecharán los vendedores para incrementar el valor original de un producto. En el segundo caso, la hiperinflación se experimenta como un ciclo de realimentación positivo. Las instituciones encargadas de producir dinero deben realizar un plan de rápida expansión monetaria para cubrir la caída del dinero. Estas acciones reducirán el valor de la moneda más rápido y podría generar un trauma financiero.

Casos históricos

En el mundo se han documentado 56 casos de hiperinflación: el más grande registrado fue en 1946 en Hungría cuando esta llegó a 41,9 trillones por ciento; donde los productos duplicaban su precio cada 15 horas. Le sigue Zimbawe quien registró una tasa de 7.960 millones por ciento en 2008. Luego, encontraremos países como Yugolasvia, en 1992 (313.000.000%); República Srpska, en 1992 (297.000.000%); Alemania, en 1922 (29.500%); Grecia, en 1941 (13.800%); entre otros. En el caso de Latinoamérica observamos países como Perú en 1988 con 114%, repitiendo en 1990 con 397%; Nicaragua en 1986 con un 261%; Argentina en 1989 con un 197%; Bolivia en 1985 con un 183%; entre algunos otros que se están midiendo como candidato, tal es el caso de Venezuela. A este país la proyección del FMI prevé, al finalizar el 2018, la cantidad de 1.000.000% y una contracción del 18% del Producto Interno Bruto.