La equidad se puede definir como una valoración equitativa entre elementos que son sometidos a un juicio; sin importar las diferencias en el sexo, sector económico o religión. Esta defiende las condiciones y oportunidades, sin distinción, para todas las personas. Ahora bien, la equidad en la economía, si bien no difiere de su definición formal, establece sus propias características.

Estudiaremos, en adelante, estas características junto con sus consecuencias.

Imaginemos por un momento que la economía funcionara con una eficiencia total; que siempre se encontrara en la frontera de posibilidades de producción y nunca debajo de esta (trabajaría en perfecta equidad). Incluso, aunque el sistema de mercado funcionara perfectamente, podría todavía traer un resultado defectuoso; puesto que los mercados no producen la necesaria distribución justa del ingreso. Una economía de mercado puede producir unos niveles de desigualdad del ingreso y de consumo inaceptables para el electorado.

La razón de lo anterior se haya en una amplia variedad de factores, como el esfuerzo, la educación, los precios de los factores, la suerte, la herencia, entre otros. La distribución del ingreso puede ser un resultado injusto. Recordemos que los bienes siguen a los que tienen el dinero para adquirirlos y no a los que tienen la mayor necesidad de estos.

Es posible que la mascota de una persona rica reciba más atención médica que un niño pobre que lo necesita; no obstante, esto no se debe a que el mercado funcione mal, pues el mecanismo cumple con sus funciones. Algunas de ellas es poner los bienes en manos de los que tienen el dinero para adquirirlos. Si un país gasta más en shows o teatro de calle que en alimentar a los pobres y en salud, hablamos de un defecto en la distribución del ingreso, y no de uno de mercado; aún el sistema de mercado más eficiente puede generar una gran desigualdad.

La desigualdad de ingresos puede ser inaceptable desde el punto de vista político o ético. Un país no tiene por qué aceptar el resultado de los mercados competitivos como algo predeterminado o inmutable.

¿Impuestos para lograr la equidad?

Para responder a esa pregunta supongamos que los gobernantes deciden reducir la desigualdad del ingreso; estos aplicarían varias medidas, alguna de ellas podrían ser el establecimiento de unos impuestos progresivos; es decir, gravar los ingresos altos con un tipo impositivo más elevado que los que perciben un ingreso más bajo. Los impuestos federales sobre el ingreso y los sucesorios son ejemplos de esta clase de impuestos progresivos redistribuidos.

Es necesario resaltar que la idea de conseguir ​la redistribución por medio de proyectos como el hipotético caso anterior no es viable, ya que, los impuestos bajos no pueden ayudar a aquellos que perciben un ingreso mínimo, o ninguno en absoluto.

Mecanismos de redistribución

El estado puede realizar transferencias (cantidades monetarias que se le pagan directamente a los individuos) como las  ayudas que le proporcionan a los ancianos, los ciegos, los incapacitados; así como el seguro de desempleo para aquellas personas que carecen de trabajo. Asimismo, el estado podría, en ocasiones, subvencionar el consumo de las personas de bajos ingresos facilitándoles cupones de alimentación, asistencia médica y viviendas baratas.

​Estos programas han sido cada vez menos populares en las últimas dos décadas; al estancarse los salarios de la clase media, las personas que componen este estrato se pregunta por qué se debe ayudar a las personas incapacitados o que no trabajen. ¿Cómo ayudaría eso en la economía? Es por esto que los economistas han dedicado tiempo al análisis de los diferentes mecanismos de redistribución del ingreso; esto con el objeto de entender si estos mecanismos generan o no despilfarro social. De igual forma, han analizado si es probable reducir la pobreza de manera eficiente dando a los pobres dinero en efectivo, en lugar de bienes. La economía no puede decirnos cuál es el grado de pobreza aceptable y justa; pero puede ayudarnos a idear programas más eficientes para aumentar el ingreso de los pobres.