Cuando se habla de industria a domicilio se piensa en los trabajadores que llevan directamente los productos hasta el consumidor. Repartidores, mensajeros, empresas de correo o paquetería; pero el término es mucho más antiguo que estas profesiones. Se remonta a finales de la edad media; a años donde las formas de producción estaban cambiando.

Los comienzos de la industria a domicilio

La industria a domicilio fue una forma de organización productiva; en ella los mercaderes, dueños del capital, entregaban materia prima a familias rurales para que produjeran objetos manufacturados. La evolución de esta industria tuvo mayor relevancia al final de la Edad Media; perdurando hasta inicios de la Revolución Industrial.

El hogar de los trabajadores era el espacio donde se realizaban las actividades productivas; financiadas por un mercader, que se encargaba de distribuir los productos y pagar a las familias fabricantes. Si la demanda crecía, buscaba más hogares dispuestos a trabajar para él.

La industria domiciliaria fue una forma de trabajo que se caracterizó por ser fuente de ingresos extras. Las familias rurales vivían principalmente del campo; usaban su casa como domicilio de las tareas productivas para enfrentar los elevados costos de vida, producto del nacimiento temprano de las urbes.

Al  empezar a concentrarse la masa de ciudadanos en un solo lugar, alejado de los nuevos centros de vida; las personas que subsistían gracias al trabajo en el campo, debían buscar otros medios para obtener dinero. La agricultura ya no era suficiente, por ello accedían a volverse productores independientes; es decir, vendían su fuerza de trabajo a los mercaderes. Muy parecido a los trabajadores autónomos de la economía gig.

El comerciante controlaba todo el proceso productivo y el trabajador de la industria domiciliaria solo se encargaba de generar la mercancía. Este tipo de sectores de producción se conocían como protoindustrias; y para el final del feudalismo eran actividades extendidas y comunes. El sector textil tuvo gran relevancia en esta forma de industria, la ropa era hecha en domicilios y luego llevada a los mercados para su venta.

¿El fin de una industria?

Con la Revolución Industrial, la creación de ciudades fue aumentando, y la industria domiciliaria desapareció poco a poco. Las máquinas en las fábricas podían hacer el trabajo más rápido, y en mayor cantidad que las familias rurales.

Los cambios en las formas laborales y la manera como las personas venden su fuerza de trabajo; han ocurrido desde la Primera Revolución Industrial. Lo que poco ha cambiado es que son los inversionistas quienes se ocupan de gestionar los canales y los medios de producción.

Con las crecientes y aceleradas innovaciones tecnológicas, la era digital cautiva a personas de todas las edades. Invitándolas a participar en plataformas de trabajo, donde los mediadores se encargan de poner en contacto a trabajadores y empleadores.

Pareciera que la época de la industria a domicilio quedó atrás. Sin embargo, la tendencia de trabajo a través de plataformas en Internet, reviven, de una forma actualizada, esta práctica.

Si bien todas las características de aquella época, en donde las familias rurales vendían su fuerza laboral a los mercaderes, han cambiado; los espacios de colaboración laboral a corto plazo recuerdan mucho a estas prácticas. El trabajador autónomo, por necesidad o elección, recurre a las plataformas web para vender su trabajo a contratantes de todo el mundo.

La tecnología ha causado la reestructuración de los medios de producción. La actual demanda de empleos, en el mundo digital, está centrada a la creación de contenido, información y conocimientos.

A pesar de no fabricar bienes, la economía del gig ha generado un nuevo tipo de industria, asociada a la economía naranja; en la cual las ideas, conocimiento e información son los motores comerciales.

Una forma de trabajo que lucha por quedarse

La industria a domicilio surgió nuevamente en los años 90. Las grandes empresas buscaban mano de obra barata en países extranjeros, y muchas personas se vieron en la necesidad de hacer talleres caseros para trabajar desde ellos.

En Centroamérica fue común que las familias destinaran sus casas para desempeñar trabajos en condiciones precarias. Desde sus hogares fabricaban mercancía que vendían a mediadores; estos distribuían los productos a distintas naciones.

De igual forma sucede en la actualidad, las empresas que buscan reducir los costos recurren a plataformas digitales para conseguir trabajo especializado a menor precio. Además, no deben pagar ningún tipo de beneficio adicional. Este proceso ha comenzado a ser más evidente en el crecimiento de la economía gig. Se ha revelado la cara desagradable de los trabajos autónomos: su precariedad.

Si comparamos la industria a domicilio con la forma como operan los trabajos de las plataformas digitales; son muchos los parecidos que saltan a la vista. Al igual que aquellas personas que prestaron su hogar como espacios de producción; los trabajadores autónomos pueden desempeñar su trabajo de manera remota.

Por un lado se unen a la cadena productiva de una empresa; pero no por ellos son parte de la platilla de trabajadores, aunque desarrollen actividades diariamente en el plantel. Este es el caso de Uber, los conductores no pertenecen a la nómina empresarial; no obstante, cumplen con jornadas diarias ante la compañía, como si de su flota se tratara.

Los autónomos tienen la responsabilidad de organizarse; corre por su cuenta todos los costos asociados al trabajo que deben realizar, igual que si dirigieran una pequeña empresa. Pero existe una relación de dependencia con el contratante, al que es necesario rendir cuentas.

Los trabajadores pertenecientes a la industria a domicilio, tenían la opción de negociar su salario, o el precio de la mercancía. Una práctica muy común en las plataformas de empleos digitales, que a pesar de los esfuerzos, algunos derivan en salarios más bajos que los trabajos tradicionales.

Aunque las similitudes son muchas, no se podría decir que el trabajo a domicilio esté practicándose tal como ocurrió durante la Edad Media. Pero como si de un ciclo se tratara, las formas autónomas de producción regresan a la economía. Se deben evaluar cómo se están gestionando las actividades de la web; para evitar un retroceso en asuntos de seguridad laboral y bienestar.

La necesidad de las personas, o su deseo de administrar a conveniencia el tiempo; han logrado que el trabajo autónomo cobre protagonismo. Ya sea para generar ingresos extras o con intención de hallar una fuente de ingresos primarios; las personas recurren a plataformas mediadoras para vender su fuerza laboral de manera autónoma. Un cambio en la economía que requiere de reglas nuevas, para no caer en los abusos de la vieja industria a domicilio.