Medir el crecimiento económico de un país solo con un índice es dejar por fuera una cantidad de factores alternativos que influyen en la economía. Muchas personas ignoran estos otros índices sin saber que estos también influyen en el bienestar común de una nación. Una de estas mediciones es el Índice de Progreso Real o Genuino (IPR o IPG) o Genuine progress indicator (GPI), por su nombre en inglés.

Este índice no solo está en la posibilidad de medir el bienestar sino también el progreso social; es uno de los registros diseñados para sustituir al Producto Interno Bruto como indicador. La diferencia radica en que el Índice de Progreso Genuino o Real toma en cuenta factores que no son exclusivamente monetarios.

Lew Daly, creador del Índice de Progreso Genuino

En la década correspondiente a 1950, Lew Daly desarrolló esta hipótesis que amplía el marco de la contabilidad tradicional nacional. Esta incluye las inversiones netas de capital y las inversiones de trabajo, junto con las contribuciones ambientales y la tradicional producción económica.

Su intención es reflejar actividades no remuneradas y que el PIB no toma en cuenta al momento de sus balances; así como el impacto ambiental que las prácticas tradicionales generan en el ecosistema, de allí que se considere un índice ecológico.

Específicamente, el Índice de Progreso Genuino mide en alza los factores relacionados con el trabajo, incluido el no remunerado, como el voluntariado o el trabajo doméstico; mientras que a la baja contabiliza la pérdida de los recursos ambientales, las desigualdades de la renta y hasta la delincuencia. De este modo, facilita tener valores más precisos en relación a la salud o el bienestar social así como el impacto de lo económico en la sociedad.

El IPR ya se implementa en la economía estadounidense demostrando que puede ser más estable que el PIB. La razón, la cantidad de factores descritos anteriormente y cómo los toma en cuenta. Por ejemplo, para el PIB la delincuencia es un gasto por la inversión en servicios de seguridad y armamento; pero el Índice de Progreso Genuino lo tomaría como un coste. Esta forma de asumirlo provoca un alza en el PIB y una baja en el IPG.

Factores

Mientras que el PIB toma en cuenta un aspecto, el IPR incluye 26 indicadores que agrupa en 3 áreas temáticas: Indicadores económicos, indicadores ambientales e indicadores sociales. En algunos casos coinciden los mismos datos que el PIB pero el IPR lo ajusta de un modo distinto.

Indicadores económicos

Los indicadores económicos incluyen gastos en general, pero el Índice de Progreso Genuino  tiene en cuenta el tiempo de uso de un bien duradero beneficiando a aquellas sociedades que evitan la obsolescencia programada. Asimismo, toma en cuenta el subempleo, la desigualdad de ingresos y las inversiones netas.

Indicadores ambientales

Entre los indicadores ambientales observamos que el IPR mide la contaminación del aire, agua y hasta ruido; haciendo especial énfasis en los daños al ecosistema y al cambio climático. Todos los costos por agotamiento de ozono, de bosques o de cultivos representa una pérdida para este índice. Mientras que para el PIB representa una ganancia pues en la tala y la minería, por ejemplo, consigue dinero.

Indicadores sociales

Dentro de los indicadores sociales encontramos todos aquellos aspectos que miden la calidad de vida de los habitantes. Entre los aspectos positivos encontramos las tareas del hogar, que incluye el cuidado a familiares; voluntariado; el valor de la educación y el uso de las infraestructuras.

Por su parte, los aspectos negativos son aquellos como la disminución del tiempo recreativo; los gastos de aparatos que contrarrestan la contaminación, como los purificadores de agua; los costes de los accidentes de tránsito y el de desplazamiento en transporte público. En fin, todo aquello que empeore la calidad de vida son elementos que tienden a la baja en este índice. Cabe señalar, que este índice toma en cuenta los divorcios agrupándolos en estos últimos.

En conclusión, el Índice de Progreso Genuino considera un crecimiento económico en aspectos que los economistas deberían considerar a futuro; tales como los ambientales o los sociales. Los beneficios que presenta son muy parecidos al del PIB pero los ajusta de un modo distinto. De allí que muchos lo vean como un crecimiento antieconómico. Nos queda esperar y ver cuál de los dos índices triunfa en las mediciones económicas nacionales, por ahora existen las dos, y se comparan entre ellas.