El dinero que no tiene ningún valor intrínseco se denomina dinero fiduciario, ya que se establece como patrimonio por decreto. Históricamente, la mayoría de las sociedades utilizaban algún tipo de mercancía que tenía algún valor intrínseco como forma de pago; por lo que el dinero fiduciario es lo normal en la mayoría de las economías actuales. Este tipo de peculio se denomina dinero-mercancía. El oro es el ejemplo más extendido. Cuando la gente utiliza oro (o papel-moneda redimible en oro) como medio de retribución, se dice que la economía tiene un patrón oro. Este sistema fue utilizado con frecuencia a finales del siglo XIX. El oro es una forma de dinero-mercancía que puede utilizarse para varios fines, tales como: la joyería, la odontología o para realizar transacciones.

No es sorprendente que en cualquier sociedad, por primitiva que sea, surja algún tipo de dinero-mercancía para facilitar el intercambio. En este sentido, la gente está dispuesta a aceptarlo, como el caso del oro, porque tiene un valor intrínseco. No obstante, la aparición del dinero fiduciario es más desconcertante. ¿Qué fenómeno puede ocurrir para que la gente valore algo que carece de un valor intrínseco?

De la mercancía al dinero fiduciario

Para comprender cómo se pasa del dinero-mercancía al dinero fiduciario, imaginemos una economía donde la gente lleva consigo bolsas de oro. Cuando se efectúa la adquisición de un bien, producto o servicio; el comprador mide la cantidad que considera correcta de oro. Si el vendedor está convencido de que el peso y la pureza del oro son correctos, se realiza el intercambio.

El Gobierno podría intervenir en el sistema monetario para ayudar a la gente a reducir los costes de transacción. La utilización del oro sin reinar tiene un coste porque lleva tiempo verificar su pureza y medir la cantidad correcta. Para reducir estos costes, el Gobierno acuña monedas de oro de una pureza y un peso conocidos. Ya que las monedas son más sencillas de usar que las barras de oro y su valor es reconocido por la gente.

El procedimiento siguiente es recoger oro del público a cambio de certificados, es decir, de papel que pueda intercambiarse por una el valor del oro entregado. Estos billetes son tan valiosos como el propio oro; siempre y cuando la gente acepte la promesa del ente gubernamental de pagar. Además, como son más ligeros que éste (y que el oro) es más fácil de utilizar en las transacciones. No es fortuito que nadie lleve oro y estos billetes oficiales, respaldados por oro, se convierten en un patrón monetario.

Para finalizar, el respaldo del oro deja de ser relevante. Si las personas no se molestan en canjear los billetes por oro; a nadie le importa que se abandone esta opción. En la medida en que todo el mundo continúe aceptando los billetes de papel como medio de intercambios, estos seguirán teniendo valor y servirán como patrimonio. Visto de ese modo, el dinero-mercancía se transforma en dinero fiduciario. Obsérvese que la utilización de monedas o papel moneda para realizar intercambios es, en gran medida, una convención social; de manera que, todo el mundo valora el dinero fiduciario simplemente porque espera que los demás lo valoren igual.