En el mundo funcionan grandes empresas que dominan los distintos mercados. Enormes corporaciones que se adueñan de un espacio para desarrollar sus actividades, muchas veces limitando la participación de pequeñas y medianas compañías. Ante estas situaciones se crea la ley antimonopolio, para controlar los mercados económicos del mundo; y ahora le tocó el turno a Google para vérselas con la ley.

Europa demanda a Google

No es ninguna novedad que la Unión Europea tenga sus ojos puesto en Google. Las prácticas de esta empresa son enormes y no pasan desapercibidas para los entes reguladores. Se acusa a la compañía de monopolizar el mercado comercial y tecnológico.

En ese sentido, tenemos los señalamientos respecto a cómo la empresa favorece en los motores de búsqueda a sus propios productos. Pero, el problema más reciente, es su sistema operativo Android, que coloca sobre la mesa la demanda realizada a Google en el año 2017.

Cada práctica que Google implementa en el mercado es observada con lupa, y debe tener cuidado de abusar de su poder, pues, hay un entidad legal que todo lo ve. Para Europa la compañía se ha vuelto un problema y  se habló de una multa del 10% de sus ganancias.

La demanda a Google parte de una investigación exhaustiva que demuestra cómo se han aprovechado de su posición dominante para obligar a los fabricantes a preinstalar sus aplicaciones en los dispositivos.  No hay una verdadera diversidad en las aplicaciones; los consumidores se ven limitados.

Como parte del acuerdo que Google hace con los fabricantes está: la preinstalación, de carácter obligatorio, de lo navegadores de la compañía. Google Search debe aparecer como el motor de búsqueda predeterminado si desean usar el sistema Android.

Google hace la búsqueda e impone ciertos resultados

Una vieja herida se abre para la empresa, ya que anteriormente se había establecido una demanda similar a Google. En aquel entonces, fueron acusados de implementar una competencia desleal en la promoción de objetos dentro de sus buscadores.

Se observó que en las búsquedas realizadas los primeros resultados eran artículos producidos por ellos; o aquellos de sociedades que han pagado más por aparecer al principio. A la Unión Europea le preocupa que los consumidores no tengan las mejores opciones, las más novedosas; o esas que poseen mayor mérito.

Google pone las reglas del juego en su espacio de mercado, dejando sin una oportunidad a los competidores más pequeños. Algunos creen que no tienen posibilidad ante un gigante como este.

Según la Comisión Europea el sistema operativo Android posee un estimado del 80% del mercado de celulares inteligentes y tabletas en el continente. Lo que hace de la demanda a Google una prioridad para las leyes antimonopolios.

Con tanto poder financiero, Google está en la capacidad de afrontar la multa; pero se ven afectados al no poder continuar con las prácticas que venía desarrollando en Europa. Es un golpe duro para la firma, que se verá limitada de ahora en adelante y por lo visto; también, será vigilada.

Leyes antimonopolio queridas por unos, molestas para otros

A pesar de que las leyes antimonopolios buscan incentivar una competencia libre y justa; muchas personas se oponen a ellas por creerlas una pared que impide el desarrollo de un mercado en libertad total.

Si Google es quien coloca el sistema de búsquedas ¿por qué no puede favorecer sus productos? Las empresas siempre se inclinarán hacia el bienestar propio, es una conducta que no sorprendería a nadie. Si alguien pone su casa, decide las reglas de la reunión.

Los detractores de las reglas antimonopolio, y de la demanda a Google; señalan que dichas leyes desmotivan a la grandes empresas a desarrollarse e innovar en el mercado. El dinero que invierten en investigaciones que favorezcan al mundo; muchas veces no puede recuperarse, sobre todo cuando se ven limitados en la forma en que adquieren sus ganancias.

Los liberales señalan que debe apelarse al principio, actualizado, de la mano invisible. El mercado funciona de forma confiable. Las acciones de los entes económicos causan un efecto que se equilibra por sí mismo, sin intervención de un tercero.

Para ellos no es necesario que los Estados, o comisiones, intervengan en el funcionamiento de las grandes empresas. Estas aportan tanto a la sociedad en su carácter libre que limitarlos solo trae consecuencias negativas en los avances tecnológicos.

Sin embargo, estas afirmaciones podrían tener cabida en una economía con competencia perfecta. Pero la realidad es otra, la prácticas de compañías como Google, no solo son de impacto en el mercado, también lo determinan.

Las pequeñas empresas no tienen oportunidad de participar, dejando más y más espacio de acción a grandes corporaciones que monopolizan la industria. Si no hay una ley que regule las acciones injustas, de forma equilibrada; y posicione los productos entre una variedad, la producción quedará en manos de una sola sociedad. Con lo cual reduce las opciones del consumidor y las posibilidades de emprendimiento.

A las demandas como estas hay que prestarles especial atención. En ellas se plantean problemáticas que han aparecido durante años. La más importante es aquella sobre lo correcto y lo incorrecto en prácticas económicas.

¿Google hace bien en imponerse sobre los demás? Hay posiciones encontradas en este aspecto que remiten a la ética y al libre mercado. Para la ley antimonopolio europea la demanda a Google es la respuesta. No se admiten conductas que atente en contra del florecimiento de una economía justa.

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