Al referirnos a la definición de costos, es necesario diferenciar entre costo contable y costo económico. El costo contable hace hincapié en los gastos erogados, los costos históricos, la depreciación y otros asientos contables. Como es evidente, el economista parte del concepto fundamental del costo de oportunidad. Este especialista plantea que el costo de un factor de producción está determinado por la magnitud del costo necesario para mantener el recurso dentro de su uso actual.

Por otra parte, el costo económico se basa en un mejor rendimiento; en el caso de utilizar un factor, se traduciría en el pago por ese factor para un uso eficiente. Para diferenciar entre estos dos planteamientos se analizan las definiciones de los costos de diversos factores (trabajo, capital o servicios empresariales) en cada sistema.

Costos laborales

Los economistas y los contadores toman los costos laborales de forma muy similar. En el caso del costo contable, los egresos destinados al trabajo son gastos corrientes, por tanto, son costos de producción. Para los economistas, el trabajo es un costo explícito. Expliquemos mejor: Los servicios de los trabajadores (horas-hombre) son contratados bajo un salario determinado por el patrono; por lo que suponemos, que esta cantidad también es la que ganarían los trabajadores en su mejor empleo alternativo. Por supuesto, que el salario por hora incluye los costos de las prestaciones que reciben los empleados.

Costos de capital

Los dos conceptos planteados en un principio, marcan una diferencia con el caso de los servicios de capital (horas-máquina). En los costos contables utilizan el precio histórico de la máquina en cuestión para calcular los costos del capital; luego, aplican una regla de depreciación, algo arbitraria, para determinar el precio inicial de la máquina que cargarán a los costos corrientes.

Por su parte, los economistas consideran que el precio histórico de una máquina es un “costo hundido”; de allí que no lo consideren relevante para tomar decisiones sobre la producción. En cambio, consideran que el costo implícito de la máquina es el valor que otra persona estaría dispuesta a pagar por utilizarla. Así, el costo por hora de una máquina es el valor de alquiler de la misma en su mejor uso alternativo. La empresa, al no dejar de utilizar la máquina, está renunciando implícitamente al valor potencial de su alquiler.

Costos de los servicios empresariales

El propietario de una empresa es la persona que tiene derecho a percibir todos los ingresos que restan después de pagar los costos de los otros factores de producción. Para un contador, éstas serían las ganancias o utilidades (que pueden ser positivas o negativas). Sin embargo, los economistas se preguntan si los propietarios (o empresarios) también tienen que asumir costos de oportunidad al trabajar para una empresa determinada o al dedicar parte de sus fondos a las operaciones de la empresa.

En el caso anterior, debemos considerar que estos servicios son un factor de producción y tendremos que asignarles cierto costo. Supongamos que un programador informático emprende un negocio de software con la idea de quedarse con las ganancias (contables) que la empresa genere. El tiempo del programador es un factor de producción de la empresa, por lo cual, es preciso asignarle un costo. Tal vez, el salario que el programador ganaría si trabajara para otra empresa podría servir para tal efecto.

Por tanto, los economistas considerarían que una parte de las ganancias contables generadas por la empresa son costos empresariales. Las ganancias económicas serían inferiores a las ganancias contables y podrían ser negativas si los costos de oportunidad del programador fueran superiores a las ganancias contables que obtiene la empresa.